Desde su palacio sevillano, los duques de Montpensier establecieron durante el reinando isabelino una verdadera corte paralela, erigiéndose en verdaderos mecenas de una gran cantidad de pintores románticos de su tiempo, no sólo andaluces sino, sobre todo, artistas viajeros venidos de Francia, quienes, dado el origen francés del duque y atraídos por el pintoresquismo exótico de tipismo romántico español, encarnado de forma suprema en los paisajes, ciudades y gentes de Andalucía, viajaron a Sevilla amparados por los Montpensier. Así, artistas como Pharamond Blanchard (1805-1873) o Adrien Dauzats (1804-1868), además del propio Dehodencq, entre otros, realizaron para los Montpensier algunas de sus obras más destacadas, que ornaron no sólo los muros de los salones del palacio de San Telmo, levantado a orillas del río Guadalquivir y rodeado del más bello jardín de la Sevilla romántica, sino también los palacios de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), residencias temporales de los duques. En efecto, Dehodencq llegó a Sevilla en noviembre de 1850, entrando de inmediato al servicio del duque de Montpensier, quien le mandó ejecutar, como primer encargo, «dos cuadros bastante grandes, que pondrían de manifiesto: uno, el aspecto religioso, y otro, el voluptuoso de España», que el artista materializó en las dos manifestaciones populares más genuinas y típicas —aparentemente antagónicas pero en realidad complementarias— del carácter andaluz: la Semana Santa y el baile flamenco.
|
||
|
||