MARÍA DE LAS MERCEDES DE ORLEANS, Madrid, 24 de junio de 1860 – 26 de junio de 1878) fue reina consorte de España por ser esposa del rey Alfonso XII.

Fue la quinta de los hijos de Antonio de Orleans (1824-1890), duque de Montpensier, hijo del rey Luis Felipe de Francia, y de la infanta Luisa Fernanda de Borbón (1832-1897), hermana deIsabel II, que entonces reinaba en España. Pasó su infancia en Sevilla, ciudad por la que sintió especial predilección. Durante el período del Sexenio Democrático, tuvo que partir hacia el exilio. En diciembre de 1874, se restauró la monarquía en España con el pronunciamiento en Sagunto del general Martínez Campos, a favor del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II, que fue proclamado rey de España. La reina había renunciado a sus derechos dinásticos. Mercedes regresó entonces a España, instalándose con su familia en Sevilla, en el Palacio de San Telmo que ya había sido la residencia familiar.

Dos años antes, en 1872, Mercedes y su primo el príncipe Alfonso habían iniciado una relación amorosa. A pesar de la oposición de Isabel II a la boda, a causa del enfrentamiento que mantuvo con el Duque de Montpensier, y de la preferencia del gobierno por un matrimonio con alguna princesa europea (una de las candidatas deseadas fue la princesa Beatriz del Reino Unido, hija de la reina Victoria), se impusieron los deseos del ya convertido en rey Alfonso XII, celebrándose la boda el 23 de enero de 1878.

El matrimonio fue breve por la prematura muerte de la reina Mercedes a causa del tifus cinco meses después. Falleció en el Palacio Real de Madrid, acompañada en todo momento por su esposo. Fue enterrada en una capilla del Monasterio de El Escorial, no pudiendo ser en el panteón real, reservado únicamente a las reinas que tuvieran descendencia. La reina Mercedes fue impulsora de la construcción de la Catedral de la Almudena de Madrid, cuya construcción se inició en 1883. Sus restos fueron trasladados a esta catedral el 8 de noviembre de 2000, en cumplimiento del deseo expresado en su día por el rey Alfonso XII.

Una popular historia de amor:

El impacto social que produjo la prematura muerte de la reina María de las Mercedes, y la desolación del rey, que abandonó la Corte, retirándose al Palacio Real de Riofrío, hizo popular una tonadilla, basada en un antiguo romance español, que convirtió en mito la historia de amor entre Alfonso y María de las Mercedes

 

LA ÚLTIMA REINA ESPAÑOLA por nacimiento y educación tuvo un corto reinado y una vida efímera. María de las Mercedes de Orleans y Borbón, nacida en Madrid y criada en Sevilla, se casó con su primo Alfonso XII el 23 de enero de 1878 y murió cinco meses después, con apenas 18 años. La causa pudo ser unas fiebres tifoideas adquiridas al beber unas aguas contaminadas del sevillano Palacio de San Telmo -entonces propiedad de su familia y ahora sede de la presidencia de la Junta de Andalucía-. También se ha dicho que sufrió un aborto natural, que no recibió la debida atención.
Fue un matrimonio que hizo honor al siglo romántico al ser glosado en los romances y coplas populares de la época.

Mercedes se vistió en el Palacio de Aranjuez y desde allí se dirigió a la capital en un vagón de ferrocarril, gracias a un tramo especial que unía el real sitio con la red viaria. Desde la estación del Mediodía fue a la Basílica de Atocha en un coche, que se había construido para Carlos IV, tirado por seis caballos castaños empenachados de blanco, servido por un tronquista, dos lacayos, un postillón y cuatro mancebos. Estuvo acompañada de la princesa de Asturias Isabel de Borbón, hermana del novio.

El vestido de novia era blanco, con una larga cola con encajes de Alençon. El atuendo lo completaban dos perlas en las orejas, 41 en el collar y otras siete en forma de pera en una diadema, sombrero, del que arranca la cola prendida a las trenzas, pañuelo y abanico. Alfonso vestía el uniforme de gala de capitán general y lucía las patillas que le hicieron famoso.

La basílica estaba iluminada con más de un millar de cirios y adornada con viejas banderas, reposteros y escudos. Celebró la ceremonia el patriarca de las Indias Occidentales, cardenal Benavides. Antes de otorgar el sí, la princesa pidió a sus padres el protocolario permiso y la bendición. Los novios oyeron una misa de pontifical y se cantó el Tedéum. Al final de la boda, los reyes subieron a una carroza tirada por ocho caballos blancos, seguidos por 24 palafreneros. Se dirigieron a palacio a través del paseo del Prado y la calle de Alcalá, rebosantes de gente. Balcones, ventanas y hasta tejados habían sido alquilados a buen precio para contemplar el cortejo.

Alfonso XII, cuya salud no era buena -murió de tuberculosis siete años más tarde, en 1885-, se vio obligado a casarse pronto para garantizar la sucesión de la dinastía, cuya restauración en el trono se había producido tres años antes. No había muchas princesas donde elegir. Se prefería una candidata católica y por eso Alfonso se decidió por su prima carnal; las dos madres eran hermanas (Isabel II y Luisa Fernanda, las dos hijas de Fernando VII). El problema de tipo político para llevarse a cabo la unión fue que el padre de Mercedes era Antonio de Orleans, duque de Montpensier, que había conspirado durante años para sustituir a su cuñada. Con esa meta financió la revolución septembrina de 1868, que le costó el trono a Isabel II, algo que ésta nunca le perdonó.

La segunda boda de Alfonso XII, el 29 de noviembre de 1879, con la archiduquesa de Austria María Cristina de Habsburgo fue prácticamente una repetición de la primera. La nueva reina tuvo dos hijas y cuando Alfonso XII murió, estaba embarazada del que sería Alfonso XIII.

 

* Artículo EL PAÍS.